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El Pelafustán

22.10.11

La Otan asesinó a Gadafi


Gadafi fue responsable de crímenes de lesa humanidad y debió ser juzgado por ellos. Pero, ¿quién juzgará el crimen de guerra de la Otan, apoyada por Obama y el premier israelí, de asesinarlo? Lo de Libia, lejos de ser una ‘primavera árabe’ producto de un levantamiento civil y popular, fue un tsunami occidental que arrasó en nueve meses.

Por Suhail Hani Daher Akerl (*). Si bien el coronel Gadafi comenzó a los 27 años una verdadera revolución socialista y popular, con el paso de los 42 años de su cinética gestión, su poder acumulado lo perturbó y lo llevó a errores históricos en el frente interno; con los países árabes: con la causa palestina, que quiso capitalizar buscando matar a Yasser Arafat y con Occidente. Con estos últimos, en su etapa final se asoció y fue recibido con alfombras rojas, abrazado y besado por todos los líderes de la Otan y por el propio presidente Barack Obama, quienes luego no dudaron en traicionarlo y llevarlo a la muerte para desestabilizar Libia y quedarse con su petróleo, al igual que lo hicieron oportunamente con Irak y con Afganistán para administrar su gas.
No hay nada que festejar y mucho que repensar. Los aviones aliados de la Organización del Tratado Atlántico Norte (Otan) atacaron a un convoy militar en las cercanía de la ciudad libia de Sirte, hiriendo gravemente a Muamar Gadafi. Según fuentes aseguraron que “Aproximadamente a las 8.30 hora local (6.30 GMT) del 20 de octubre, aviones de la Otan atacaron a dos vehículos militares de las fuerzas leales a Gadafi que formaban parte de un grupo más amplio que se movía en la vecindad de Sirte, en la que se encontraba Gadafi”.
En su disputa por la muerte. Perversos. Los rebeldes libios del Consejo Nacional de Transición (CNT), servil y armados por EE. UU. e Israel, también se adjudicaron haberlo matado. Su portavoz Abdel Hafez Ghoga, en la ciudad oriental libia de Bengazi, gozoso, aseguró: “Es un momento histórico. Es el fin de la tiranía y la dictadura. Gadafi ha cumplido su destino. Fue confirmado por nuestros comandantes sobre el terreno en Sirte, quienes lo capturaron después de haber sido herido en la batalla”.
Las agoreras voces de Occidente y de los regímenes árabes fueron de satisfacción frente a la inicua muerte en manos de una operación colonial disfrazada de contribución a la libertad de un pueblo.
Contradictorio. El presidente estadounidense Barack Hussein Obama, que se limita a guerrear abiertamente por ser portador del Premio Nobel de la Paz, convirtió a la Otan en su brazo armado para imponer la resbaladiza resolución 1973 (17/3/2011) del Consejo de Seguridad de la ONU, de “crear una zona de exclusión aérea” que permitiera arteramente invadir Libia. Resolución, sin sorpresas, apoyada por la Liga de los Estados Árabes.
Compulsivo seguidor de estos crímenes desde su aparato de TV, como en el caso de Osama bin Laden, el presidente Obama expresó: “Hoy, definitivamente podemos decir que el régimen de Gadafi ha llegado a su fin… El pueblo libio ahora tiene la oportunidad de determinar su propio destino y su democracia”. Autorizando a su secretaria de Estado, Hilary Clinton, a enviar 11 millones de dólares de ayuda adicional para el CNT, aumentado a 135 millones desde que comenzó en febrero, la supuesta ‘Primavera árabe de Libia’. Contribución transformada en armas que dio lugar al desenfrenado horror inter-libio.
Entre otras tantas expresiones espantosas ante la muerte de un ser humano. Con su mejor estilo jocoso, el premier italiano Silvio Berlusconi, que hace un año beso públicamente las manos de Gadafi en Roma y le preparó una de sus fiestas exóticas, no escatimó en enviar sus aviones de aporte a la Otan para bombardear Libia y profetizó tras la muerte de su examigo “Sic transit gloria mundi (así pasa la gloria del mundo)”.
No era para titubear. Tanto para Estados Unidos como para Europa, era mejor un Gadafi muerto que un Gadafi vivo y juzgado que sacaría a la luz todos los obscenos grandes acuerdos con ellos a lo largo de su ambivalente gobierno.
Lo insólito e inesperado fue lo de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quizás, para aumentar sus relaciones carnales con Estados Unidos o su mira en algún eslabón de la ONU, sin remordimiento declaró: “La prioridad ahora debe ser la reconstrucción… Libia está pasando por un proceso de transformación democrática, eso no significa que conmemoremos la muerte de un líder, cualquiera que sea. El hecho es estar en un proceso democrático, algo que todo el mundo debe apoyar” .
No hay dudas de que formaba parte del staff de los regímenes presidencialistas y monárquicos árabes antidemocráticos, incluyendo el régimen de la Autoridad Nacional Palestina, cuyo titular Mahmoud Abbas, finalizó su mandato el 9 de enero de 2009 y desde el poder borró las ejemplares elecciones democráticas palestinas. Además de solidarizarse en los momentos álgidos con los dictadores destituidos por sus pueblos, el tunecino Zini el-Abedine Ben Ali y el egipcio Hosni Mubarak.
Gadafi fue de crímenes de lesa humanidad y debió ser juzgado por ellos. Pero, ¿quién juzgará el crimen de guerra de la Otan, apoyada por Obama y el premier israelí Benjamín Netanyahu, de asesinar a Gadafi? ¿Habra quien juzgue a los líderes rebeldes de la CNT, por su crímenes contra sus propios hermanos libios embriagados por el poder que no los diferencia de quien mataron? Preguntas que solo quedaran en el interrogante y se desarrollaran en la impunidad de los hechos.
Igual que cuando asesinaron al presidente iraquí Saddam Hussein, mediante un juicio ilegal llevándolo a la horca, los regímenes árabes callaron y lo avalaron como hoy lo repiten con la muerte de Gadafi. Su silencio ante este nuevo crimen, no solo con él, sino con los miles de muertos civiles libios asesinados por los misiles de la Otan, es realmente preocupante. Su complicidad con la injerencia extranjera dentro de sus propios países árabes a cambió de mantener vivos sus regímenes aumentan el sufrimiento, estrangulan los derechos de sus pueblos árabes a la democracia y los llevan a sinuosos caminos similares a estos.
Lejos de ser una ‘primavera árabe’ producto de un levantamiento civil y popular, fue un tsunami occidental que arrasó a Libia en nueve meses y viene desestabilizando los pueblos árabes. Les crea dependencias y prohíben su libertad como es el caso que sufre el pueblo palestino bajo la ocupación sionista israelí desde hace 63 años. No serán para Libia tiempos fáciles de aquí en más. Como no lo fue para Irak pos-Hussein, como no lo es para Palestina, Siria y resto del universo popular árabe.
Si algo subsiste por rescatar de su controvertida imagen, Gadafi, predijo que se quedaría en Libia y sería mártir. Cumplió su palabra.

(*) Primer embajador del Estado de Palestina en la Argentina.

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