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El Pelafustán

21.3.15

No se dobla ni se rompe: se astilla






La convención radical en Gualeguaychú. | JULIÁN ÁLVAREZ/TÉLAM.

La UCR decidió responder a la “demanda popular” que exige a la oposición juntarse para desterrar al kirchnerismo y desoír a gran parte de los militantes y dirigentes programáticos. Ahora, tras el pacto con Macri, corre el riesgo de quedarse sin candidato presidencial. Mariana Prats y Carlos Varetto analizan lo sucedido en Entre Ríos. Los principales fragmentos.       

Mariana Prats y Carlos Varetto | ANFIBIA 

Cerca del teatro de Gualeguaychú, militantes y dirigentes radicales de todo el país mostraban caras tristes; había  poco que festejar. Los autos y combis llegaron como cortejo fúnebre. La ciudad, repleta de seguidores de Yrigoyen, no se tiñó de rojo y blanco. El clima era el de un superclásico sin hinchas. Es claro que hubo dos equipos, al principio no tan bien definidos. Aunque hijos de la misma madre, no querían ni cruzarse ni compartir espacios: mientras uno cenaba en el Club Náutico, frente al río, el otro hacía lo suyo en el Hotel Embajador, en el centro de la ciudad.
Los resultados definieron un ganador. Pero no los festejó nadie.
Prevista para las 14.30 horas, recién pasadas las 16 se dio apertura a la sesión de la Honorable Convención Nacional que, lejos de “ordinaria” sería uno de los hechos de mayor relevancia para la política electoral argentina en este 2015. La  Unión Cívica Radical, con 123 años de vida y el título de partido político más antiguo del país, reunió a 330 convencionales y sus principales figuras y líderes para decidir en conjunto la política de alianzas y acuerdos electorales de cara a los próximos comicios.          
Adentro del teatro municipal algunos globos amarillos volaron en expresión de repudio. Gritos de “traidor” al histórico Federico Storani y la mención de dirigentes del macrismo cuando se pasaba la lista para votar eran indicios de un clima caliente. Afuera, parte de la juventud enfurecida enfrentaba a la policía, que tiraba gases lacrimógenos. Los jóvenes no solo estaban enojados con sus dirigentes por “correrse a la derecha”. También sufrían en carne propia que parte de sus contemporáneos los hayan avalado con el voto. Morales los arengó diciendo que esperaba que fueran ellos los defensores de la lista 3 “pura”. Y mientras algunos declaraban su vocación de poder, otros, decepcionados, ya pensaban en cómo “poner la cara en la universidad” el lunes [16 de marzo] después de haber manifestado que no iban a compartir nada con quienes no levantasen la bandera de la educación pública, laica y gratuita.
Después de trece horas de presentaciones y discusiones, y con una última votación nominal que arrojó como resultado 186 votos positivos, el centenario partido decidió que competirá a nivel nacional en un frente con los partidos personalistas y de derecha PRO y Coalición Cívica, conducidos por Mauricio Macri y Elisa Carrio respectivamente.
(…)
En algún sentido, Gualeguaychú fue tierra de contradicciones.  Durante la convención sólo dos mujeres fueron oradoras, pese al apoyo rotundo a la declaración que pide el respeto de cupo de género en la Corte Suprema. La discusión fue liderada por hombres y por más que el propio órgano estuviera presidido por una mujer, quedó claro que la batuta la siguen moviendo los varones y que no hay cupo que aguante las fuertes prácticas arraigadas en el partido. Por otro lado, mientras se aprueba la adecuación de la carta orgánica permitiendo que jóvenes puedan afiliarse y votar en el partido a partir de los 16 años, los términos en los que se planteó la discusión (la opción “acuerdo o acuerdo”) dejaron a la Juventud romántica y principista sin opción estratégica más que la mera declaratoria de sus convicciones programáticas e identidad radical.
(…)
El orden del día del órgano tenía ocho puntos, aunque todo giraba en torno a la cuestión central levantada por los medios: los lineamientos de la política de alianzas. Las propuestas en pugna se planteaban en torno a dos actores externos a la organización: Macri o Massa. Empero, los defensores de las propuestas se ocuparon de redefinir los términos de sus posturas para “evitar confusiones” y en parte creyendo que estos equívocos no eran bien intencionados, sino más bien maliciosos. Para ellos, era acotado o sesgado pensar que la decisión  giraba en torno a Macri vs. Massa, por lo que más bien preferían hablar de alianza amplia vs. restringida, especialmente los defensores de la primera, que también proponían incluir a Macri en su armado. Como se sabe, la postura defendida por el presidente del partido nacional, Ernesto Sanz, proponía la conformación de un acuerdo “restringido o lo más amplio ‘posible’” que incluía al PRO y a la CC como posibles contendientes en la futuras primarias abiertas, simultáneas y obligatorias; contaba a su vez con el reencuentro de lo que alguna vez fuera “la Coordinadora” (organización interna alguna vez central en la coalición de sustento de Raúl Alfonsín, a la vez que semillero de sus cuadros de gobierno: Storani, Coti Nosiglia, Stubrin, Jesús Rodríguez).
Por otra parte, la posición defendida por los senadores Gerardo Morales, Ángel Rozas, el diputado Ricardo Alfonsín y el exvicepresidente Julio Cobos planteaba la necesidad de la conformación de una “alianza amplia” que incluyera a todas las fuerzas políticas (quimera independiente a lo que cada uno de los partidos opositores al kirchnerismo decidiera hacer y que ya había funcionado en Mendoza). Tan amplia que hasta el Changui Cáceres planteaba, interprétese o no como burlón, “que venga la izquierda unida, porque me lo estoy bancando al PRO”.
Ambas posturas decían responder a los llamados de la ciudadanía que imperiosamente exigía a la oposición que se reúna para desterrar del poder al modelo kirchnerista. Sin embargo, al oír esta “demanda popular”, desoyeron a gran parte de militantes y dirigentes programáticos, que quedaban en orsái ante la imposibilidad de plantear la histórica y radical “lista 3”. Asimismo, hacían caso omiso ante la situación de provincias condenadas a la crisis segura, dado que la construcción electoral provincial se hace incompatible (en materia de socios) con la nacional, sea cual fuera la propuesta votada. Este era el caso de Santa Fe, parte del Frente Amplio Progresista. Hubo varios oradores de esta provincia, cuyos desconsolados discursos además de añorar un tono progresista daban cuenta del problema que se avizora en el distrito.
—No van a alcanzar los sicólogos del país, ni del mundo, para hacerme entender la locura de ir contra Del Sel y Reutemann en julio y después pegarme a la lista de Macri en octubre —expresaba un convencional santafesino minutos antes de la votación.
Con 186 votos positivos resultó victoriosa la propuesta del sanzismo, de incluir en un frente electoral al PRO y la CC. Algunos radicales finalmente le cobraron a Cobos aquella traición de años atrás. Otros  líderes volverán a recluirse en sus provincias, aunque en principio discursivamente se haya decidido “acompañar”.  Los militantes y los programáticos de la lista 3 esperarán el momento de cobrarle esta a Sanz.
Las sociedades con Lavagna o con De Narváez no le han provisto mucho rédito al radicalismo ¿Cuál será la ganancia del radicalismo en esta nueva aventura? Es difícil hacer predicciones en la política argentina pero, a diferencia de las experiencias anteriores en las que el radicalismo entregó la presidencia y sostuvo la postulación del vice o la candidatura de la gobernación de Buenos Aires, en esta es posible que se quede fuera de la elección general presidencial al presentar solo un precandidato a las PASO.

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