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El Pelafustán

7.6.15

#NiUnaMenos en el periodismo











Ni 1 -, en el Congreso. | MAFIA.

En el Día del Periodista, una mirada sobre las mujeres en los medios. Hay brecha salarial, acoso y discriminación, pero también otras violencias muy naturalizadas. En la TV se descarta a las “rellenitas”,  en los diarios hay cargos jerárquicos vedados y en todos, el embarazo suele excluir. En definitiva, otra clase de piñas. 

Datapuntochaco | DEBATE 

El trabajo de periodista, como el de otros gremios, tiene sus miserias. No es esta una referencia a la situación cada vez más deplorable con que se trabaja en los medios en general ni al afán execrable de la prensa corporativa en desinformar, estigmatizar y reprobar todo lo que afecte sus intereses económicos, que degrada la profesión a la categoría de amanuense.
La convocatoria #NiUnaMenos, que movilizó al país el miércoles 3 de junio, invitó no solo a reflexionar sobre la brutalidad machista que deja cuerpos de mujeres heridos y cadáveres ultrajados tirados como basura en bolsas, sino también sobre ciertas violencias naturalizadas en el ámbito laboral.
La brecha salarial, la discriminación y el acoso son moneda corriente en cualquier gremio que se analice. La periodista especializada en temas de género Luciana Peker difundió una encuesta según la cual 7 de cada 10 mujeres consideran que se les exige tener mejor apariencia física que a los varones en el ámbito laboral. Es una realidad innegable, escribe Ana Vaimann, en Infonews. 
“Y cuando de trabajar con la imagen se trata, las exigencias son todavía mayores. Basta escuchar a los gerentes de los canales pidiendo a sus trabajadoras que bajen de peso porque ‘la televisión es imagen’ y no quieren tener chicas ‘rellenitas’ en cámara. Y también ocurre que a las mujeres se les pide usar determinada ropa –generalmente sugerente– para realizar su trabajo”, comenta.
Ciertos lugares en los medios están vedados para el sexo femenino. Casi no hay periodistas mujeres que trabajen en secciones como deportes, policiales o política, ámbitos ocupados mayormente por varones. Es como si las mujeres solo pudieran abordar lo que se conoce como información general, donde se vuelcan noticias relacionadas con la vida social y comunitaria, y las actividades de las organizaciones civiles, religiosas y culturales, para las que, prejuiciosamente, se debe tener cierta “sensibilidad”.
Hay excepciones. Vaimann menciona a la periodista deportiva Ángela Lerena, que “rompió el techo de cristal y todos los fines de semana se saca leche para dejarle a su bebé Manuel y sale a la cancha. Es una de las pocas mujeres del equipo de Fútbol para Todos”. “Pienso en las mil veces que me dijeron ‘no podés hacer esto porque sos mujer’. #NiUnaMenos no es solo femicidios. Hay otra clase de piñas”, escribió Lerena en su cuenta de Twitter.
Los cargos jerárquicos en los medios rara vez son ocupados por mujeres. Y esto no se da solo en la Argentina. Natalie Nougayrède se convirtió en marzo de 2013 en la primera directora del diario francés Le Monde, fundado en 1944. Estuvo en el cargo hasta mayo del año pasado.
Jill Abramson fue la primera mujer en dirigir The New York Times. Llegó a ese puesto en 2011 y permaneció tres años. La echaron por su “mal carácter”, según la argumentación que dio el propietario del diario estadounidense, Arthur Sulzberger. Antes, había sido su primera jefa de Redacción, cargo que ocupó durante ocho años. 
En Argentina, las excepciones son el diario Clarín, cuya directora es hace décadas Ernestina Herrera de Noble, y del diario Los Andes, de Mendoza, cuyo directorio estuvo presidido, desde 1997 hasta su fallecimiento en 2007, por Elvira Calle de Antequeda, nieta de Adolfo Calle –el fundador del periódico mendocino en 1882– y primera presidenta de la agencia Diarios y Noticias (DYN), entre 1982 y 1992. Aunque en estos dos casos, las mujeres llegaron hasta allí para ocupar puestos pertenecientes a los propietarios, Roberto Noble (Clarín) y Felipe Calle (Los Andes), y no por ascensos, como sí ocurrió con Nougayrède y Abramson.
Esa realidad se condice con la encuesta del Programa de Estudios de Opinión Pública de la Universidad Abierta Interamericana, realizada en marzo, sobre 600 casos. El 76% de las porteñas piensa que los hombres tienen más posibilidades que las mujeres para ascender a cargos de mayor jerarquía.
Según ese mismo sondeo, consigna Vaimann, el 44,6% de las trabajadoras sufrió, en algún momento, acoso sexual (comentarios inapropiados, toqueteos, insinuaciones) y un 34,8% fue humillada o despreciada en el trabajo ante colegas u otras personas.
El 68,2% de las mujeres encuestadas considera que tener hijos resulta un impedimento a la hora de conseguir empleo. Las diferencias de clase pesan y lo sufren las más pobres, en tanto para el 71,5% de las mujeres de sectores bajos la maternidad es una barrera a su autonomía laboral. La discriminación la vivieron 2 de cada 10 mujeres a quienes les reprocharon, en la cara y con panza, un embarazo. Mientras que a un 16,2% no le mantuvieron su puesto después de volver de una licencia por maternidad.
“Que una mujer no pueda ganar lo mismo que sus compañeros varones también es violencia. Sufrir acoso de un jefe y escuchar guarangadas de compañeros también es violencia. Que a una mujer le pidan que se ponga escotes o que haga dieta para verse mejor también es violencia. No poder hacer uso de las licencias, de la hora de lactancia y tener que arrancar de cero al volver a trabajar también es violencia. Que existan solo dos días de licencia por paternidad también es violencia. Que haya pocas mujeres en cargos gerenciales también es violencia”, reclama Vaimann. Y cierra: “En el mundo laboral hay mucho por hacer. También hay que decir #NiUnaMenos”.

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