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El Pelafustán

6.8.16

Gauchada viene de gaucho
































Macri, en la Rural. | CASA ROSADA.

Una idealización para hacernos creer que los intereses oligárquicos se asocian a los del pobrerío. Pura maniobra para seguir hostigando a la descendencia del gauchaje, a los peones, a los laburantes.   

Sergio Zalba  | NUESTRAS VOCES

Los gauchos no fueron personajes amistosos. No se caracterizaron ni por fraternales ni por solidarios, tal como los pintó la historiografía oficial de principios del siglo XX.
Los gauchos eran tipos áridos, refunfuñosos, poco amigables, cuchilleros. Los gauchos no se sentaban en la vereda a tomar mate ni a charlar con los vecinos. Los gauchos andaban por la vida, de aquí para allá. No tenían lugar fijo. Eran “matreros”, dormían sobre las matras –cuando la noche los encontraba– que usaban en las monturas de sus caballos.
Los gauchos eran tipos difíciles y raramente hacían gauchadas.
Pero ya no hay de qué temer. Es que los gauchos se acabaron con el alambrado. Ya no hay más gauchos. Ahora hay paisanos.
Cuando los terratenientes cercaron sus territorios, cuando pusieron cerrojos en sus tranqueras, cuando el campo se convirtió en un universo parcelado, los gauchos quedaron sin tierra, sin lugar, sin hábitat, sin mundo.
Los gauchos murieron. Y la sangre de los gauchos, esa que Sarmiento reclamó en su Facundo, regó la tierra de los hacendados. Abonó el suelo de la Sociedad Rural.
Fue después cuando empezaron a ensalzar al gaucho, cuando lo idealizaron para hacernos creer que los intereses oligárquicos se asociaban a los del pobrerío. Pero era mentira, era táctica política; pura maniobra para seguir hostigando a la descendencia del gauchaje, a los peones, a los laburantes.
Y el presidente, en la Rural, hizo lo mismo. Usó la misma estrategia.
Nunca gaucho fue sinónimo de terrateniente. Sólo se los confunde por un interés avieso.
Claro que la pobreza sabe de solidaridad. Y mucho. Pero eso es otra cosa. De eso, el presidente no entiende nada.

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