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El Pelafustán

29.7.16

SOS




































Cristina, con medios de prensa extranjeros. | FACEBOOK.

▪ Nuestra conciencia nacional comienza a emitir claros mensajes de auxilio.   

José Luis Brés Palacio  | DATAPUNTOCHACO

El asma volvió a mi vida. Sólo aquellos que lo padecen saben a ciencia cierta el esfuerzo que cuesta cada inspiración. Es como que a cada intento de capturar oxígeno no te alcanzara el denuedo para tomar al aire necesario. Respirar se vuelve en esos momentos un esfuerzo casi sobrehumano por capturar la vida misma que queda siempre fuera de nuestro cuerpo en la compulsa respiratoria. 
Cuando el ataque sobreviene, tu mayor miedo es que tu cuerpo deje de ocuparse del trabajo de respirar. Sí, la desocupación es también una condición de la salud del cuerpo. En esos momentos, te sentís vulnerable y, básicamente, inseguro. A todo esto se suma el hecho que la dificultad por respirar se vuelve a cada momento más intensa. Es como una inflación constante de la imposibilidad de respirar que, si te gana, te saca de carrera. 
En algún momento de estos días, me puse a hacer ejercicios de analogía entre lo que le está sucediendo a mi cuerpo y lo que le viene pasando al pueblo argentino desde el 10 de diciembre. Siempre abominé del maridaje entre interpretaciones sociológicas y las teorías biologicistas de fenómenos sociales. Pero, en tiempos de asma, cuando no te llega tanto oxígeno al cerebro, te permitís la comparación y la analogía. Aunque luego te vuelvan a parecer inadecuadas.
Desde el 10 de diciembre de 2015, la desocupación dejó de ser para los argentinos un fantasma del pasado para transformarse en una amenaza del presente. Pagar las cuentas representa ahora un esfuerzo descomunal. Todo sube por el ascensor a medida que nuestro poder adquisitivo se desploma en el abismo. En este contexto, están transformando a nuestra Argentina en un lugar inseguro. Inseguro hasta para respirar.
A los males de mi cuerpo, una dosis inusitada de corticoides le está sirviendo de alivio. A los del argentino, parece no haber remedios aunque sean placebos. Nuestra conciencia nacional comienza a emitir claros mensajes de SOS.
En este estado, abro la computadora y encuentro la entrevista con periodistas internacionales de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en Calafate. La escucho con suma atención como si en ella (la entrevista) mi alma intuyera que existen dosis suficientes de “corticoides”. Esa sola sensación alivia. No porque la cura llegue milagrosamente. No. Sino porque sabemos que, frente a un presente insano, tenemos al menos la certeza que los remedios existen. Están en algún lugar. Habrá que buscarlos.
Los espasmos del asma se van alejando de mi cuerpo. La sensación de que todo irá peor emprende su retirada de mi cabeza, alimentada por dos certezas. Cristina, SOS el oxígeno. Macri, SOS el asma.  

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